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ABRE LA PUERTA! EXPERIMENTA NUEVOS CAMINOS

Por Alma Elena Gutiérrez Leyton*


Una puerta representativa de la época medieval que integra diversos elemetnos simbólicos, en el centro histórico de la ciudad de Praga, República Checa.
Una puerta representativa de la época medieval que integra diversos elemetnos simbólicos, en el centro histórico de la ciudad de Praga, República Checa.

“¡Papá!, mi abuelita se volvió a quedar atrás tomando fotos de una puerta”, gritó a todo pulmón mi nieta Emma, de 8 años, preocupada porque el grupo familiar seguía avanzando y yo trataba de capturar el mejor ángulo de ese portón medieval.


Tomé mucho menos fotos de las que me habría gustado tomar; no es bueno abusar de la paciencia del grupo cuando se viaja en familia, pero por lo menos capturé todas las que me llamaban; yo sentía que cada remache ancestral trataba de comunicarme lo que ha atestiguado en tantos siglos de historia.



Cada puerta parece contar una historia.
Cada puerta parece contar una historia.

Con la facilidad que ofrecen los teléfonos celulares, todos se sienten fotógrafos. Los que estudiamos una carrera profesional que incluye a la fotografía como una técnica de comunicación basada en la semiótica de la imagen y en las posibilidades que ofrece para transmitir un mensaje, valoramos este recurso casi al nivel de arte.

Desde ese paradigma, las puertas ofrecen una lectura dual: la posibilidad de entrar o la de salir. Me gusta esa metáfora porque aplica para la vida propia: siempre hay una puerta por la cual salir cuando las situaciones han dejado de ser las adecuadas, cuando las condiciones se vuelven insoportables y cuando es necesario dejar ese espacio, ya sea porque se ha concluido un ciclo o porque se ha caído en una zona de confort.

¿La ´puerta es el boquete para pasar o la tabla que lo cubre?
¿La ´puerta es el boquete para pasar o la tabla que lo cubre?

Una puerta simboliza también la posibilidad de salir hacia nuevos retos; abrir la puerta a nuevos proyectos, a cambios trascendentales o simplemente, a nuevas ideas, estudios, trabajo, pareja, amigos…

Tal vez esa es mi fascinación por las puertas.

No se mueven; no sonríen ni compiten por popularidad en las redes sociales. Me fascinan porque, además, me motivan a imaginar lo que ha ocurrido dentro esos edificios que custodian a lo largo de miles de años. Sería imposible conocer lo que ahí adentro ha ocurrido, porque precisamente para eso son, para mantener en lo privado lo que ocurre ahí, así como pasa con lo que mantenemos encerrado en nuestra mente.


Cada puerta comunica la grandeza de los habitantes del inmueble.
Cada puerta comunica la grandeza de los habitantes del inmueble.

¿Cuántas veces mantenemos cerrada la puerta de nuestros sentimientos y no dejamos salir las emociones que nos ahogan?

O, ¿cuántas otras, nos resistimos a abrir la puerta para salir de nuestra zona de confort o de situaciones que nos asfixian?

Puertas milenarias

Caminar por esas calles, hoy limpias y llenas de turistas, me llevó a preguntarme cómo habría sido recorrerlas durante la época medieval, sin drenaje ni electricidad y obviamente si alumbrado público.

Cómo habría sido la vida durante las dos guerras mundiales, que por diversas razones -que no viene al caso ahondar- no afectaron su patrimonio histórico, y permitió que los edificios quedaran intactos, como si por ellos no hubiera pasado el tiempo.


Hasta el mínimo elemento es una obra de arte.
Hasta el mínimo elemento es una obra de arte.

Así, tal vez, dentro de algunos años, algunas personas se preguntarán cómo hicimos hoy para abrir la puerta que nos estaban cerrando el camino hacia nuestro desarrollo, a la felicidad y a la paz.

Abre la puerta; tú tienes la llave

“¡Ay, sí! ¡Como si fuera tan fácil!”, me ha espetado alguna de mis amigas cuando la plática ha llevado hacia la necesidad de un cambio en su vida.

¡Claro que no es fácil!, pero cuando se toma la decisión de abrir la puerta, se siente cómo entra el aire fresco en nuestra vida.

Como dijo el célebre Antony Queen en aquel viejo comercial de Brandy Viejo Vergel “Si las cosas que valen la pena se hicieran fácilmente, cualquiera las haría”.


¿Calabozo, puerta de emergencia?
¿Calabozo, puerta de emergencia?

Si te interesa abrir la puerta…

Puedes integrarte al grupo de arpaterapia y meditación que ofrezco cada jueves de manera gratuita por Zoom, en vivo, de 9 a 10 p.m. Si te interesa, regístrate en este formulario Iniciamos mañana jueves 6 de agosto https://forms.gle/wu1ixFsaUXT8sEyS6


*Alma Elena Gutiérrez Leyton es doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación por la UNAM (2004, mención honorífica) y Premio a la Invención UANL 2025. Es investigadora nacional nivel 1 (SNI/CONACYT). Se desempeña como profesora investigadora de tiempo completo en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Ha dirigido más de 50 tesis de maestría y doctorado. Es formadora de periodistas e investigadores, y divulgadora cultural y científica. Está certificada en musicoterapia y cursa el nivel de Técnico Medio en Música en la Facultad de Música de la UANL. Correo electrónico agutierrezleyton@gmail.com


 
 
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